viernes, 30 de marzo de 2012

Heridas en los Pies


2. Heridas en los Pies
Continuando con el tema de las cinco heridas que el Señor recibió en su cuerpo, y por cuyas heridas somos sanados, vamos a analizar sobre las heridas que Él sufrió en los pies.

En los pies vemos la santidad, el equilibrio, y el poder sobre el enemigo, el que tiene sanos los pies vive en victoria en estas áreas.

a)   Pies Limpios
En los pies está representada la vida de santidad, rectitud, pureza, e integridad de un hombre. Por eso cuando Moisés se acerca a la zarza ardiente, recibe la orden de Dios de quitarse las sandalias de los pies, pues el lugar donde Dios está y se manifiesta se vuelve santo.

El  que ha gustado de la bondad del Señor debe mantener una vida íntegra y rendirse al espíritu hasta amanecer un día a su imagen, Sal. 17:15  En cuanto a mí,  veré tu rostro  en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.

Por eso el Señor antes de cenar con sus discípulos les lavó los pies. Pues en ese tiempo la gente usaba sandalias, que es un calzado descubierto, y las calles eran de polvo; era imposible salir por las calles sin ensuciarse los pies. Y esto nos habla de la imperfección que todavía tenemos los que hemos recibido el baño con la Sangre de Cristo. Y de la necesidad de lavarlos continuamente.

La orden que el Señor les dio a los discípulos es que los unos a los otros nos lavemos los pies, dando lugar a la ministración en donde confesamos nuestros pecados los unos a los otros, desde luego no se le puede contar a cualquier persona nuestras bajezas, pues podemos enfermar al oyente.

NO recomiendo que las parejas se ministren entre ellas, pues los pecados son cargas que al oírlas no cualquier ovejita puede soportar, recordemos que la oveja no es un animal de carga, y es el animalito con el que el Señor nos compara en la Escritura.  En cambio a los ministros se les tipifica como camellos, bueyes, y asnos; que son animales diseñados para cargar.  Bueno, si no se recomienda ministrarse entre cónyuges, mucho menos con los hijos.  Es fracturarles las patitas.

Tampoco es recomendable descubrir lo errores de la pareja con los padres ya que por el amor a su hijo tomaran partido de los problemas, y así desacreditamos a nuestra pareja delante de ellos.  A los padres se les debe contar las virtudes, logros, y talentos descubiertos en la pareja, y desde luego compartir los testimonios que gracias a su misericordia existen en el matrimonio.

Lamentablemente muchos padres heridos por sus parejas toman a sus hijos para contarles y subrayar el pecado, error, y deslices de su pareja, pretendiendo con esto volverlos sus aliados; eso los destruye ya que ellos aman a sus padres y les cuesta mucho tomar partido en esos asuntos ya que es partir su corazón.

Es por eso que a los ministros hay que cargarlos con los pecados en ministración, con los problemas de matrimonio y no entre miembros de la familia.  Por eso el Señor estableció Ministros del Espíritu para restaurar al pecador que se arrepiente, los siervos estamos para vestir al pródigo arrepentido que regresa a la casa, Gal. 6:1 Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta,  vosotros que sois espirituales,  restauradlo con espíritu de mansedumbre,  considerándote a ti mismo,  no sea que tú también seas tentado.  No para perdonar los pecados, sino para que a través del arrepentimiento, la confesión de pecados, la oración del justo, y la imposición de manos se reciba sanidad del alma de enfermedades que orillan al pecado, tales como el odio, resentimiento, amargura, complejos, traumas, lazos ancestrales, rebeliones, desordenes sexuales, y una débil voluntad.

En la confesión encontramos sanidad y el rompimiento de ataduras de maldad, Stgo. 5:16  Confesaos vuestros pecados los unos a los otros y orad unos por otros,  para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

Cuando en el hogar hemos visto los defectos de los pies a nuestro cónyuge, o hijos podemos tomar una actitud de legalismo, acusación, critica, o rechazo; antes de hacer eso debemos juzgarnos a nosotros mismos y obrar en misericordia. Es decir lavarle los pies al que llega con arrepentimiento. No olvidemos que un día podremos necesitar misericordia, Stgo. 2:13  porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no haga misericordia;  y la misericordia triunfa sobre el juicio.

Él fue herido en los pies, para que renunciando a toda obra de la carne, vivamos agradándole en todo. La Palabra debe ser recibida con fe, y debe bajar hasta los pies, para que nuestro caminar sea recto delante de Él, Sal. 119:105 Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino.

Cuando recibimos la sanidad de nuestros pies, toda práctica de pecado es reducida a la impotencia, así los adulterios, fornicaciones, discusiones, celos, griterías, maledicencias, vicios, violencia, tacañería, prácticas ocultistas, etc., se van de nuestras casas.
                                                                                                                                                                                           
B)   Pies Sanos Para Caminar Sin Complejos
Otra manifestación de enfermedad de pies es el complejo de inferioridad.  Recordemos a Mephi Boset, que por tener los pies lisiados tenía una auto-estima tan baja que cuando David le resarció sus tierras exclamó 2 Sam. 9:8  Inclinándose él dijo: ¿Quién es tu siervo,  para que mires a un perro muerto  como yo?

Jesús fue herido en los pies para que recuperemos la estima que se ha perdido por desvalorización de los padres, falta de amor, de paternidad, pobreza, defectos físicos, divorcios, infidelidades, y muchos otros factores que pueden hacernos sentir inferiores, feos, y débiles frente a los demás, Dt. 31:8  Jehová va delante de ti;  él estará contigo,  no te dejará ni te desamparará.  No temas ni te intimides".

Uno de los frutos del Espíritu es la benignidad, y consiste en ver lo bueno, lo positivo, lo edificante de cada situación o persona; y desde comenzar desde luego con nosotros mismos, Sal 139:13-14  Porque tú formaste mis entrañas;  Tú me hiciste en el vientre de mi madre. 14Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado,  Y mi alma lo sabe muy bien.

Cuando el Espíritu está fluyendo en nosotros, podemos ver la hermosura que Dios ha hecho en nosotros más allá de los defectos, podemos ver las fortalezas sobre las debilidades, etc. Solo el que tiene un ojo benigno consigo mismo, puede admirar en otros sus virtudes sin sentir envidia o tristeza.  Entonces es fácil admirar a otros pues uno mismo admira la obra de Dios en nosotros mismos.

c)  Pies Sanos Para Hollar Al Enemigo      
Los pies nos hablan de la victoria que tenemos sobre el enemigo y la potestad que tenemos de ponerlo bajo el estrado de nuestros pies.  Sirven para pisotear las obras del enemigo, Sal. 91:13  Sobre el león y la víbora pisarás;  herirás al cachorro del león y al dragón.

Algo que necesitamos en la iglesia es discernimiento de espíritus para saber qué es lo que ministra en la casa, hay ciertos tiempos en los cuales la tragedia visita nuestras casas, a veces son enfermedades, discusiones, luto, escases, etc., para tomar autoridad y reprender toda obra de las tinieblas, doblegar los tiempos de oración y ayuno familiar.

Los pies enfermos hablan también de la humillación por causa de la altivez para pisotear a otro.

Alguien enfermo de los pies pisotea dignidades, humilla, es prepotente, abusa de la autoridad, hiere con sus actitudes y palabras. Aparte es sujeción aparte es servilismo. Pero Jesús tiene poder en sus llagas para sanar a cualquiera que ha caminado mal en este aspecto, recordemos que nuestros enemigos no son de carne y sangre sino espirituales, Ef. 6:12  porque no tenemos lucha contra sangre y carne,  sino contra principados,  contra potestades,  contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

Mucha gente fue maltratada como hijo, como empleado, como estudiante, como oveja. Y cuando ya tiene la oportunidad de ejercer algún cargo de autoridad abusa del poder delegado estableciendo un inconsciente desquite o venganza sobre los que están ahora bajo su cargo.

Hay que sanar de los pies, para que la autoridad que ejerzamos sea en amor, y así se sientan arropados, cobijados, comprendidos y amados todos los que están alrededor nuestro, sobre todo los que más amamos que son los de nuestra familia.

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